viernes, 3 de diciembre de 2010

Mil sonrisas, dos mil besos en formato televisión.


Me convierto en represor de mis impulsos, se me distorsiona el pulso y se hace ausente, por un rato, mi respiración.
Son enfectos razonables por la falta de lo que mi alma se jacta:

Ser la dueña para siempre de tu perfección

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